Volviste
No volver a tu lecho sería como dejar ir al mar la brillante estrella polar. Seria un gran desatino para mi ser y una gran tristeza para mi alma.
En cuanto supe que llegarías por aire en mi corazón se desató un río; eran emociones encontradas, quizá sólo diversas pero al final sólo desembocan en un altar, nuestro Amor.
La emoción de saberte conmigo hizo palidecer mi ser, enrojecer mi alma y contraer mi pecho. Es que hace tanto que no te veo que no sé realmente lo que me dicta mi corazón, no sé de que manera amarte; sólo sé eso, que te amo. Y sé que mi corazón no me traicionará, cada palpitar me repite la verdad.
Cada que volteo creo verte. Ahora te estoy esperando y sé lo que busco, no haz aparecido. Más sé que cuando llegues sentiré una sensación, una avalancha de fuego. Mi corazón sólo me dictará una clave y, entonces yo te reconoceré y sabré que eres tú, la hermosa musa indicada para darle brillo a mis días.
Ahí estas, de regocijo se ha llenado mi ser, aún no te dignas a volver tu mirada hacia mí, pero tu radiante brillo ya alimentó mi ser, tus pies parecen no tener rumbo, no se encaminan hacia mí. Te noto perdida, no te hallas, sólo sabes que junto a ti las estrellas revientan. Pero la confusión se fusiona con el calor del viaje.
El mar conspira con la luna y hacen de tus ojos dos brillantes diamantes azules, traga-almas; tus labios, con ese rojo carmín seducen al cielo y llaman a la lluvia para que gocemos un festín de ritmos de alegría esperada desde la primavera pasada, cuando los girasoles dejaron de andar de un lado a otro por no tener ya resplandor divino que los guiara, por no tener quién los rozara con su suave cabellera y los nardos se han vuelto celosos desde que su aroma pasó a segundo término en exquisitez después de la de tu piel.